¿Y Marco Rubio entró a China con otro apellido? El bochinche diplomático que armaron en Beijing
China cambió la transliteración del apellido de Marco Rubio para permitir su entrada al país junto a Trump, burlando sanciones previas.
¡Qué bochinche armaron en China, señores!
Oye esto pa’ que veas. Parece que Marco Rubio, el secretario de Estado de Estados Unidos, se metió en China sin que lo pescaran. ¿Cómo así? ¡Pues mira, que le cambiaron el apellido, o casi! Resulta que este señor tenía una sanción de Beijing desde que era senador, por meterse mucho con el Partido Comunista y andar denunciando cosas de derechos humanos. Pero ahora, ¡zas!, que va de viaje con el mismísimo Donald Trump, y los chinos, que son bien resueltos, buscaron la forma de que entrara.
Los reportes dicen que las autoridades chinas empezaron a usar una escritura china diferente para su apellido. Como si fuera otro señor. Una movida diplomática para que el que estaba sancionado no fuera el que entraba, sino otro con un nombre parecido. ¡La cosa se pone buena!
¿Dónde y cuándo pasó este enredo?
Esto se destapó esta misma semana, con la delegación del presidente Donald Trump aterrizando en China para una reunión importante con Xi Jinping. La jugada ocurrió justo antes o durante la llegada, para evitar el lío de que un sancionado entrara con el jefe de estado. El lugar, como tú sabes, es la capital china, Beijing, un sitio donde se cuecen habas y se resuelven cosas a puerta cerrada.
Rubio, que ha sido de lengua larga contra el gobierno chino, especialmente por lo de Hong Kong y los uigures, y hasta metió mano con lo del trabajo forzado en Xinjiang, se encontró en el Air Force One con un conjunto deportivo que, ¡ay Dios!, le pareció a la gente uno que usó Nicolás Maduro. ¡Hasta para eso hay comparaciones!
¿Y por qué importa este chisme?
Porque demuestra el jueguito diplomático que se carga China. Las sanciones son sanciones, pero si viene el presidente de Estados Unidos con su gente, hay que buscar la vuelta. Esto es para que no se arme un escándalo mayor, un bochinche que opaque la visita presidencial. La cosa es seria, pero la forma de resolverla, ¡ay, mi madre! Es un recordatorio de que en política, a veces, el nombre o el apellido son lo de menos cuando hay intereses más grandes en juego, como las tensiones comerciales, la inteligencia artificial y el futuro de Taiwán.
Además, muestra que, a pesar de sus críticas feroces, Rubio ahora apoya que la Casa Blanca mantenga las negociaciones abiertas con Beijing. Un giro, ¿no?
¿Qué dicen las partes?
Por un lado, un vocero de la embajada china salió diciendo que las sanciones eran por las acciones de Rubio como senador, y que ahora, como secretario de Estado en la administración Trump, pues… la cosa cambia. Es como decir: “Él es uno, pero ahora es otro”.
Por otro lado, la administración Trump, con Rubio al frente de esa crítica que ahora es apoyo a negociar, está en Beijing buscando arreglar cosas importantes. La visita en sí es una señal de que, a pesar de las fricciones, el diálogo sigue ahí.
¿Y ahora qué viene?
Bueno, lo que está claro es que Marco Rubio pudo pisar tierra china sin que lo botaran, gracias a esta jugada del nombre. Queda por ver si esta flexibilidad china para resolver asuntos de nombres se traduce en avances reales en los temas candentes que trajo Trump. La cosa está en el aire, pero mientras tanto, China demostró que sabe cómo darle la vuelta a un problema, usando la misma letra, pero con otro sabor.